Frases de Ralph Waldo Emerson - Página 2

Ralph Waldo Emerson Poeta y filósofo estadounidense (Boston, 1803-Concord, 1882). Maestro por Harvard y pastor unitario (1829), renunció al sacerdocio (1832) tras perder a su esposa, aunque conservó el espíritu de su secta (que niega la Trinidad). En Europa, conoció a Coleridge, Wordsworth y Carlyle y se inició... Leer más sobre Ralph Waldo Emerson
No tiene que elegir las palabras quien ve claramente la verdad. Ésta le proporciona las mejores palabras       
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Todos los hombres que emprenden una obra son víctimas y esclavos de sus actos       
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El dinero a veces resulta demasiado caro       
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La confianza en uno mismo es el primer peldaño para ascender por la escalera del éxito       
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Ve a menudo a la casa de tu amigo, pues la maleza prolifera en un sendero no recorrido       
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Todos los hombres virtuosos profesan la misma religión       
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Si sientes que todo perdió su sentido, siempre habrá un te quiero , siempre habrá un amigo. un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta       
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Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que ha sometido a su ego para servir a sus hermanos       
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Todo libro que ha sido echado a la hoguera ilumina al mundo       
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La felicidad consiste en llenar las horas; en llenar las horas y no dejar un resquicio para que penetre el arrepentimiento o el consentimiento       
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Más podemos conocer de una persona por lo que ella dice de los demás que por lo que los demás dicen de ella       
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La sociedad es en todos los sitios una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros       
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La alegría no es más que una máscara de la tristeza       
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Odio las citas, dime lo que sabes       
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El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene       
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Insiste en ti mismo, nunca imites. En cada momento puedes presentar tu don con la fuerza acumulativa del cultivo de una vida entera; pero con el talento adoptado de otro sólo improvisas la mitad. Haz lo que tienes asignado para ti así no puedes esperar o atreverte demasiado       
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