Frases de Friedrich Nietzsche - Página 23

Friedrich Nietzsche Filósofo, poeta y filólogo alemán nacionalizado suizo. (Röcken, cerca de Lützen, 15 de octubre de 1844 – Weimar, 25 de agosto de 1900) considerado como uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Su... Leer más sobre Friedrich Nietzsche
La mentira del orden moral del mundo invadió todo el mundo       
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No respondió Zarathustra, yo no doy limosna. No soy lo bastante pobre como para dar limosna       
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Lo que más nos aproxima a una persona es esa despedida, cuando acabamos separándonos, porque el sentimiento y el juicio no quieren ya marchar juntos; y aporreamos con violencia el muro que la naturaleza ha alzado entre ella y nosotros       
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Jamás he tenido tanta felicidad en mí como en los periodos más enfermos y más dolorosos de mi vida       
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El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza       
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¿Qué dosis de verdad puede soportar un hombre?       
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Vivir de tal modo que ya no tenga sentido vivir, eso es lo que ahora se convierte en el sentido de la vida       
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El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación       
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Donde no se puede amar... hay que pasar de largo       
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Pero incluso los fariseos y los escribas sacan ventaja de tales adversarios, tienen que haber poseído algún valor para ser odiados de manera tan indecente       
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Mientras el sacerdote, ese negador, calumniador, envenenador profesional de la vida, siga siendo considerado como una especie superior de hombre, no habrá respuesta a la pregunta: ¿qué es la verdad?       
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Todo lo feo debilita y deprime al hombre. Le sugiere la decadencia, el peligro, la impotencia       
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En lugar de decir yo no valgo nada, la mentira moral dice por boca del decadente: nada hay que tenga valor, la vida no vale nada       
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Vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos       
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La Reforma; Leibnitz; Kant y la llamada filosofía alemana; la guerras de liberación; el Reich - cada vez, un en vano de algo que estaba ya allí, de algo irrecobrable... Son mis enemigos, lo confieso, esos alemanes:       
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Lo que él mismo no creía, creyéndolo los idiotas entre los cuales arrojó su doctrina. Su necesidad era el poder; con Pablo, una vez más quiso el sacerdote alcanzar el poder       
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