Frases de François-René de Chateaubriand

François-René de Chateaubriand Escritor y político francés (Saint-Malo, Francia, 1768-París, 1848). Nacido en una rancia familia aristocrática venida a menos, fue educado junto con sus cinco hermanos en el castillo de Combourg, cerca de Saint-Malo, y estudió en los colegios de Dol y Rennes, antes de superar la prueba de... Leer más sobre François-René de Chateaubriand
La alegría de los hombres es una llama de leños de tristeza. Brota la llama, pero los leños están allí, y cuando se apaga la llama, quedan los leños, o el carbón o la ceniza, que es resto de los leños y no de la llama       
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El aburrimiento no puede existir donde quiera que haya una reunión de buenos amigos       
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La verdadera felicidad cuesta poco; si es cara, no es de buena clase       
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La tristeza ocupa siempre lo interior de las alegrías del hombre       
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Si nos salimos de los hechos, en política, nos perdemos sin retorno       
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Tengamos fe en la religión y en la libertad, las dos únicas cosas grandes del hombre: la gloria y el poder son deslumbrantes, no grandes       
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Los pequeños Maquiavelos de estos tiempos se imaginan que todo va a las mil maravillas en una sociedad cuando el pueblo tiene pan y paga los impuestos       
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Basta con aguantar en la vida para que los ilegítimos queden legitimados. Se siente una infinita estima por la inmoralidad, porque no ha dejado de serlo y el tiempo la ha condecorado con arrugas       
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La vejez es, como la maternidad, una especie de sacerdocio       
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¿Qué es el amor? Es la locura de la amistad       
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El amor se goza en la abnegación y el sacrificio       
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Tomado colectivamente, el pueblo es un poeta: autor y actor se inflaman con la obra que se representa o que le hacen representar, sus mismos excesos no son tanto instinto de una crueldad nativa cuanto delirio de una multitud embriagada de espectáculos, sobre todo cuando son trágicos: cosa tan cierta que, en los horrores populares, siempre hay algo superfluo añadido al cuadro y a la emoción       
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Una buena acción es una lección insolente para los que no tienen el valor de ejecutarla       
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