Frases de André Maurois

André Maurois Escritor francés, conocido sobre todo por sus biografías (Émile Herzog; Elbeuf, 1885 - París, 1967). Pertenecía a una familia de judíos alsacianos instalados en Normandía en 1871 y propietarios de una fábrica de pañería. Estudió en el liceo de Ruán (1897-1902), donde fue discípulo de... Leer más sobre André Maurois
Ser sinceros no es decir todo lo que pensamos, sino no decir nunca lo contrario de lo que pensamos       
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En amor pueden ser más atrevidos los gestos que las palabras; asustan menos       
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Sólo la incertidumbre mata los celos       
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Las leyes no son crueles ni suaves; son inmutables, y, como tales, previsibles, cuadros fijos en cuyo interior incumbe al hombre diseñar lo mejor que sepa su destino       
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En la conversación, como en la guerra, basta resistir un cuarto de hora más que el adversario. La tenacidad vence sobre la razón, sobre la Ciencia: reduce al adversario al silencio por medio del aburrimiento       
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El nacimiento del amor, como todo nacimiento, es obra de la naturaleza. Es más tarde cuando el arte interviene       
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La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta       
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El hombre que puede prescindir de ser amado, puede prescindir de todo       
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El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor       
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La memoria es un gran artista: hace de la propia vida una obra de arte y un documento falso       
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Los hombres tienen necesidad de ser amados para ser felices y de ser más o menos poderosos para ser amados       
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El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse       
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El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza       
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En los comienzos de un amor, los amantes hablan del porvenir; en su declive, hablan del pasado       
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En los inicios de un amor los amantes hablan del futuro, en sus postrimerías, del pasado       
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Todos los compromisos son absurdos, pues van destinados a calmar las pasiones y no a satisfacer las inteligencias       
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